Hasta Septiembre queridos alumnos

Ya estamos en los últimos coletazos del año escolar. Y Justo va a hacer un año que las familias de mi clase se reunían de manera extraordinaria para transmitirme su sentido y profundo cariño por el intenso y magnífico año, algunas varios, que habíamos vivido juntas. Recuerdo perfectamente las caras, las lágrimas, las emociones que se respiraban en ese momento.

 

Yo estaba impresionada, ruborizada, contenida por el derroche de cariño sincero que sentí. Mi admiración por todas esas mamás reunidas era total. No había hecho nada más que cumplir con mi trabajo. Pero fue especial por muchos motivos. Y es que, muchos compañeros de profesión me entenderán, cuando eres maestra , que significa darse por entero a tus alumnos, el final de curso también supone una pérdida. Para todos.

 

Los vínculos afectivos que se crean a lo largo del año son profundos, transparentes y sinceros. Las profesiones que tienen que ver con tratar con personas conlleva eso. Yo soy de involucrarme totalmente. No lo puedo remediar. La entrega a tu trabajo lo convierte en vocacional.

 

Querer incondicionalmente a tus alumnos y a sus familias es condición indispensable para trabajar dentro de clase. Eso lleva un peligro intrínseco: la despedida. Porque los niños crecen, las familias se marchan… es lo que tiene la vida… que no para.

 

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS a todas esas mamás con nombre y apellido que se quedaron en mi vida y en mi corazón para siempre aún cuando la puerta “hasta el próximo curso” se cerraba. Os revelo que este Diario es la suma de todo aquello. Sin vuestros ánimos ésto no hubiera ocurrido. Pero sobre todo a mis alumnos… no os quiero olvidar.

Ahora yo también soy madre. Y experimento en mi persona lo que ocurrió aquel martes, 21 de Junio de 2016. No hay dinero, ni regalos, ni palabras suficientes para poder transmitir toda la gratitud que sentimos los padres cuando sus profes lo hacen tan bien con nuetros hijos…

los alumnos crecen. E irremediablemente, y tiene que ser así, ellos tendrán de su infancia retazos de momentos en su memoria. Pero indudablemente y a veces sin saberlo,  quedará  la huella impresa de todo lo compartido tanto en el alumno/a querido como en su maestra/o.

Elena García.

“Tú me enseñaste a volar”

 

La Escuela acompaña en la, a veces ardua, tarea de educar… La mejor forma es siempre por medio del…

 

 

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